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Desde Huatusco

  • Roberto García Justo

UNA MUERTE SENTIDA

El mes de mayo de 1938 queda inscrito como una  fecha marcada por el destino al registrarse en esta ciudad el deceso del señor EDMUNDO HERNANDEZ ROSETE, quién fue víctima de una inesperada enfermedad que a pesar de los esfuerzos de la ciencia médica, no logró salvarlo. Por tal motivo, la comunidad huatusqueña fue invadida de un sentimiento conmovedor producido por esta dolorosa noticia que causó honda impresión en todos los sectores del exseñorío Cuauhtochca.

De acuerdo con la información publicada por Filiberto Muñoz, corresponsal del diario “El Noticiero” que se editaba en la ciudad de Córdova Veracruz,  relata que “jamás como en esta desgracia el dolor público se manifestó en su majestuosa e imponente intensidad. En los momentos de escribir estas líneas, cuándo junto al cadáver llora una esposa modelo de cariño y tres niñas inocentes que no miden, que no alcanzan a comprender las consecuencias de su desgracia, se presentan compungidas que es uno de los aspectos más tristes de la vida.

Es preciso especificar que el señor Edmundo atendía una botica de su propiedad. Ahí desplegó en favor de la salud las nobles facultades de que es capaz el corazón humano. Jamás desoyó una súplica, tampoco negó el auxilio de su experiencia a cuantos se le acercaban en demanda de ayuda para remediar una situación dolorosa. A todos atendía y siempre  había una frase dulce, una explicación detallada para mitigar las penas que agobian al recorrer el sendero de la vida. Todo lo hacía el finado con manifiesta voluntad y muchas veces de forma gratuita, estrechando con ternura a sus pacientes, para darle aliento en los momentos más difíciles.      

Se cubrió de simpatías, conquistó amistades que le demostraron justa gratitud al cubrir con incontables coronas y ramos de lozanas y frescas  flores cortadas en los amplios jardines de la comunidad, el ataúd de madera, que contenía los restos del amigo que nos dejó cuando más derecho tenía a la vida, en los instantes que le sonreía la dicha en un hogar cariñoso y digno, con la apariencia de ser una verdadera hoguera de la felicidad.

En su establecimiento se reunía diariamente  la gente más valiosa del pensamiento económico, político y social  de Huatusco. Por esa terrible atracción del talento y  la educación que como faros resplandecientes alumbran el porvenir de los pueblos. Por más enemigos implacables que traten de impedir el avance de sus conquistas, tiene que resultar impotente porque antes que la obcecación criminal, está la mano de Dios señalando el destino del hombre sobre la tierra. 

Este centro dedicado a la cultura ha desaparecido con la muerte de tan generoso amigo. Ya se cerraron las puertas que siempre estaban abiertas a la amistad, honesta y respetuosa. Dando lugar a las expresiones puestas al servicio del progreso y del bienestar de la localidad. Su tierra fértil y generosa,  era para él como parte de su corazón noble, el objeto predilecto de su pensamiento. Por eso la ciudad viste de duelo, por eso sus amigos y admiradores llevan puesto el traje negro que significa luto. Y así se fueron  acompañándolo en el camino final hasta el panteón municipal, donde recibió cristiana sepultura.

Era notoria la ansiedad de verlo por última vez en su casa eterna,  y con ello balbuciendo en nuestro  interior una oración para que el altísimo lo reciba como lo que fue, una gran persona ejemplar a carta cabal. Dichoso de  nosotros que sin estas líneas escritas bajo el imperio del dolor, llevan a sus deudos una palabra de consuelo, una frase que les traiga la conformidad con la voluntad de Dios.  Elevemos una plegaria al cielo y roguemos a nuestro ser Superior para  llenar de fuerza espiritual su camino hacia una eternidad donde no existe el retorno.