/ lunes 28 de diciembre de 2020

Reconocen importancia artesanal de Pátzcuaro

El artesano mexicano Mario Agustín Gaspar recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura 2020

A los 12 años, cuando cursaba el último año de primaria, Mario Agustín Gaspar Rodríguez aprendió la técnica ancestral del maque y después la de figuras en pasta de caña. El aprendizaje fue una herencia cultural de su maestro Francisco Reyna Ruiz, un artesano que le mostró no sólo a conocer y manejar los materiales naturales, como la caña de maíz, sino a valorar el conocimiento de sus antepasados.

La labor de preservar esta artesanía le mereció al maestro artesano el Premio Nacional de Artes y Literatura 2020 en el área de Artes y Tradiciones Populares. Gaspar Rodríguez confesó sentirse comprometido con su labor para demostrar que el reconocimiento es bien merecido, sobre todo por su trabajo en el rescate y preservación de la técnica que si bien es apreciada por el turismo, no es tan cotizada como otros objetos.

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“Para nosotros es muy importante porque es parte de nuestra historia, la caña de maíz forma parte de la historia prehispánica, pero no es una técnica muy comercial porque el proceso de elaboración tarda mucho, aún si la imagen es muy pequeña tardamos siete u ocho meses”, refirió en entrevista el artesano originario de Pátzcuaro, Michoacán.

El maque y las figuras de pasta de caña es una técnica que se usa desde la época prehispánica; los indígenas de Michoacán la usaban para crear las figuras de sus dioses pues por sus materiales ligeros, les era fácil transportarlas de un sitio a otro. Con la llegada de los españoles se documentó sobre la elaboración de vasos y vasijas decoradas con finas figuras que se comercializaban.

Gaspar Rodríguez detalló que con la llegada de los frailes se empezaron a hacer figuras católicas como vírgenes o imágenes de Cristo, pero en la guerra cristera todas estas piezas fueron quemadas y los artesanos dejaron de producirlas por miedo, por lo que la técnica se perdió entre las generaciones recientes.

“Hicimos un proceso de rescate de la pasta de caña de maíz, esa técnica era originaria de Pátzcuaro y vimos la necesidad de recuperarla. Creamos un proyecto que duró 20 años pero logramos salvarla. Tardamos mucho por los materiales, la Universidad de Michoacán nos ayudó mucho a detectar cada material que tiene las piezas”, afirmó Gaspar quien trabajó en el rescate con Alfonso Guido bajo el respaldo de Casa de las Artesanías y el gobierno estatal.

Con más de 50 años de experiencia, el artesano explicó que las piezas son hechas con materiales completamente naturales: caña de maíz, algunas plantas venenosas que tienen pegamento y sirven para armar las figuras, también se utiliza un complemento que se hace con piel de conejo y arcilla blanca que cubre la imagen; luego se pinta con tierra y colores naturales usando como aglutinante el aceite de la chía.

La dificultad de producir los materiales y el extenso proceso de elaboración hacen que las piezas no entren con facilidad al mercado y sean poco cotizadas y remuneradas, a pesar de su valor artesanal e histórico. Esto mismo ha hecho que las generaciones jóvenes poco se interesen en aprender la técnica y dedicarse de manera profesional, refiere Gaspar Rodríguez.

Para fortuna del maestro artesano, su esposa y cuatro hijos son parte de su taller donde llegan jóvenes con intenciones de aprender, pero después de tres meses no vuelven. "Dominar la técnica lleva al menos tres o cuatro años", refirió Gaspar quien la considera como una carrera profesional.

“Uno de los problemas es que no se puede hacer en cualquier temporada del año, debemos esperar que pasen las lluvias, por ejemplo ahorita es buena época y hasta mayo, ya después no se puede porque no se secan las piezas entonces eso lo hace muy lento, pero para mí es una responsabilidad continuar porque es conocimiento de nuestros antepasados, se han encontrado piezas de hasta cinco mil años atrás que hablan de nuestro origen”, apuntó.

Confesó que la pandemia de Covid-19 ha afectado aún más las ventas y producción por el cierre de locales y la falta de turismo, pero confía en que el próximo año mejore la situación: “El premio ahora es una responsabilidad para trabajar bien y justificar que me lo merezco”, dijo.

A los 12 años, cuando cursaba el último año de primaria, Mario Agustín Gaspar Rodríguez aprendió la técnica ancestral del maque y después la de figuras en pasta de caña. El aprendizaje fue una herencia cultural de su maestro Francisco Reyna Ruiz, un artesano que le mostró no sólo a conocer y manejar los materiales naturales, como la caña de maíz, sino a valorar el conocimiento de sus antepasados.

La labor de preservar esta artesanía le mereció al maestro artesano el Premio Nacional de Artes y Literatura 2020 en el área de Artes y Tradiciones Populares. Gaspar Rodríguez confesó sentirse comprometido con su labor para demostrar que el reconocimiento es bien merecido, sobre todo por su trabajo en el rescate y preservación de la técnica que si bien es apreciada por el turismo, no es tan cotizada como otros objetos.

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“Para nosotros es muy importante porque es parte de nuestra historia, la caña de maíz forma parte de la historia prehispánica, pero no es una técnica muy comercial porque el proceso de elaboración tarda mucho, aún si la imagen es muy pequeña tardamos siete u ocho meses”, refirió en entrevista el artesano originario de Pátzcuaro, Michoacán.

El maque y las figuras de pasta de caña es una técnica que se usa desde la época prehispánica; los indígenas de Michoacán la usaban para crear las figuras de sus dioses pues por sus materiales ligeros, les era fácil transportarlas de un sitio a otro. Con la llegada de los españoles se documentó sobre la elaboración de vasos y vasijas decoradas con finas figuras que se comercializaban.

Gaspar Rodríguez detalló que con la llegada de los frailes se empezaron a hacer figuras católicas como vírgenes o imágenes de Cristo, pero en la guerra cristera todas estas piezas fueron quemadas y los artesanos dejaron de producirlas por miedo, por lo que la técnica se perdió entre las generaciones recientes.

“Hicimos un proceso de rescate de la pasta de caña de maíz, esa técnica era originaria de Pátzcuaro y vimos la necesidad de recuperarla. Creamos un proyecto que duró 20 años pero logramos salvarla. Tardamos mucho por los materiales, la Universidad de Michoacán nos ayudó mucho a detectar cada material que tiene las piezas”, afirmó Gaspar quien trabajó en el rescate con Alfonso Guido bajo el respaldo de Casa de las Artesanías y el gobierno estatal.

Con más de 50 años de experiencia, el artesano explicó que las piezas son hechas con materiales completamente naturales: caña de maíz, algunas plantas venenosas que tienen pegamento y sirven para armar las figuras, también se utiliza un complemento que se hace con piel de conejo y arcilla blanca que cubre la imagen; luego se pinta con tierra y colores naturales usando como aglutinante el aceite de la chía.

La dificultad de producir los materiales y el extenso proceso de elaboración hacen que las piezas no entren con facilidad al mercado y sean poco cotizadas y remuneradas, a pesar de su valor artesanal e histórico. Esto mismo ha hecho que las generaciones jóvenes poco se interesen en aprender la técnica y dedicarse de manera profesional, refiere Gaspar Rodríguez.

Para fortuna del maestro artesano, su esposa y cuatro hijos son parte de su taller donde llegan jóvenes con intenciones de aprender, pero después de tres meses no vuelven. "Dominar la técnica lleva al menos tres o cuatro años", refirió Gaspar quien la considera como una carrera profesional.

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