/ viernes 4 de agosto de 2023

Llenan la mesa de amor y sazón: pueblos originarios conservan rituales y costumbres en bodas

Mole, pan y chocolate, son algunos de los ingredientes que forman parte de la mesa en las bodas de los pueblos originarios, una tradición que une familias y a la comunidad

Una boda es un acontecimiento único para una pareja que busca consumar su compromiso, pero este evento no sólo los une a ellos, sino a dos familias y en algunos casos a toda una comunidad. La mejor manera de expresar esa felicidad es a través de la comida, es el resultado de la unión y fortalece valores al compartir, genera cultura. Incluso las bodas son el motor detrás de la famosa frase “como fiesta de pueblo”.

Jiapsy Arias Gonzalez, doctora en Antropología por la ENAH, comenta que en los matrimonios y en casi todas las festividades convergen orígenes del pasado, estos vienen de un sincretismo religioso de las dos culturas fundacionales, las prehispánicas y las católicas europeas conquistadoras.

Puedes leer: Danza en pareja termina por unir la vida de los novios rarámuri

“En 32 estados y en los 67 grupos étnicos que continúan hasta nuestros días, persisten símbolos que, por medio de la comida y las costumbres, buscan rememorar o conservar una trascendencia histórica”.

Para Arias, el tiempo extenso que conlleva este acontecimiento permite preparar, organizar, definir y ejecutar los elementos para los rituales, en donde todos los miembros involucrados en este maridaje seguirán presentes.

“Antes no duraba tanto porque no había tanta gente, faltaba dinero o no alcanzaban los recursos, por ello duraba un día o una semana. Pero si hay recursos suficientes se efectúan los días necesarios previos hasta que ocurra la fiesta principal”.

Platillos, comida y su significado

Según la doctora Arias, en el matrimonio, la comida en conjunto simboliza la abundancia que se espera que la pareja conserve durante toda la vida. Es así como encontramos en general los siguientes platillos, sus tradiciones y significados en distintas regiones de México.

Mole. Es el rey de las festividades, que en todo el país difiere con técnicas, producciones adecuadas a una variedad de preparaciones y significados.

En Veracruz, el mole casero de Xico, es el platillo favorito para disfrutar en estos eventos. Comúnmente se acompaña con pollo o carne de puerco, además de arroz y tortillas de mano.

El mole es uno de los patrillos tradicionales y de celebración en las bodas mexicanas. l Foto: Cuartoscuro

En Puebla estas celebraciones son conocidas propiamente como “moles”, porque desde épocas ancestrales este guiso ha sido el protagonista del festejo; cuentan con una gran cantidad de variantes por municipio.

Guajolote. En la zona de la sierra norte de Puebla, los nahuas “bailan” a esta ave. Esto significa que lo zarandean por todos lados o danzan con él, porque significa que no faltará la comida, y entre mejor bailabas mejor te iría. Es un homenaje-ritual de buenos deseos.

Pan. Otro de los productos más conocidos de las bodas, especialmente en zonas nahuas, zapotecas, mixtecas o mijis del centro de México; el novio tiene que organizarse para pedir su mano y entregar una ofrenda de pan tradicional. Se relaciona con dar gracias a la novia por haber aceptado formar parte de la familia.

Los platillos destacados que hay en las bodas mexicanas tradicionales son: la birria, tamales de maíz, arroz, espaguetti, caldos, carnes. l Foto: Cuartoscuro

Asado de boda. Este platillo típico es popular en Zacatecas, se conforma por una pasta picante tipo mole, que baña una porción de pollo o lomo de cerdo; para muchos, augura prosperidad a los que sirven el banquete. Su origen data de las bodas jerezanas de mediados del siglo XIX y se hizo popular por sus menús nupciales mezclando la comida europea con la mexicana.

Más en el mapa

Otros de los platillos destacados que hay en las bodas mexicanas tradicionales son: la birria, tamales de maíz, arroz, espaguetti,caldos, carnes —pollo, cerdo, res, pescado, venado, avestruz, conejo, entre otros—; la barbacoa de hoyo en el centro de la república y de tambo, al norte del país—; burritos con tortilla de agua o sobaqueras; wakabaki —caldo de ofrenda yaqui—; camarones en coco en Guerrero y Michoacán; tapesco de ostras en Veracruz y Tabasco; frijol con puerco, colado, papadzules, chayitas y salbutes en Yucatán. También las tortitas de camarón, chileajo rojo, chileajo verde en Oaxaca.

El brindis de la abundancia

Así como el vino es símbolo de alegría, abundancia y celebración, Arias Gonzales cuenta que en general las bebidas homenajean la nueva vida que tendrá la pareja tras un casamiento. Las más tradicionales son:

Chocolate. Uno de los elementos más representativos para pueblos mixtecos, zapotecos, nahuas y mayas. Tradicionalmente las mujeres lo preparan, con la misión de generar bastante espuma y dárselo a su futuro marido, para simbolizar la abundancia de la comida en su matrimonio. En las zonas de la Sierra del norte del país significa buena suerte.

Sendecho. Fermentado de maíz de la zona otomí del Estado de México. Los tipos de maíz que se emplean son negro, rosa, amarillo, blanco y abigarrado. Los ingredientes que se le añaden van desde chile pasilla, chile negro, azúcar o piloncillo hasta miel de agave o pulque.

Jipoco. Atole de pinole de trigo molido, azúcar y sal; una bebida tradicional de los yaquis y mayos que se bebe en festividades maridado con danzas, cantos y rituales.

Chingüirín. Aguardiente de caña de baja calidad, a veces se acompaña con agua de coco. Se consume lo mismo en velorios que en celebraciones como las bodas, fiestas patronales y noches de antaño. También se le da a las mujeres después del parto.

Tuba. Consiste en savia de palma fermentada, particularmente palma de coco, por lo que tiene una ligera graduación alcohólica. Se puede tomar del mismo día, sin fermentar. Es tradicional en la zona de Colima, Guerrero, Jalisco y Michoacán.

Comilona maratónica

Hay dos municipios en Oaxaca que comparten costumbres similares para los casamientos, uno es Santa María Zoquitlán (centro) y otro San Marcos Arteaga (norte) y es que cada región conserva sus propias particularidades.

En Zoquitlán las costumbres de una boda dan nombre a un festejo único llamado Fandango Zoquiteco; Edgardo Altamirano Martínez, del grupo Zoquitecos A.C, cuenta de estas tradiciones comunales que se festejan en cuatro días:

El cerramiento: Es la etapa posterior a la que se comprometieron los futuros esposos. Se lleva una canasta con pan, chocolate en tablillas, botellas de vino y mezcal hasta la casa de la novia y hacen una cena con los regalos.

La ayuda: Consiste en realizar todos los preparativos para el casamiento. En este día los invitados llevan los insumos a las cocineras encargadas de elaborar la comida.

El casamiento: Se hace la ceremonia nupcial y para el banquete se alistan los platos fuertes mole para las enchiladas; caldo con alguna carne como pollo, guajolote o puerco, menudito con adobo y tortillas. Hay postres, entre ellos, el dulce de chilacayota. Todo acompañado de refrescos de sabores y cerveza de piña.

Las bodas en los pueblos originarios son rituales que se comparten con toda la comunidad y hay diversas formas de llevarlos a cabo. l Foto: Cuartoscuro

El segundo día: Es la continuación de la celebración principal y cuando baja la cantidad de invitados; comen el sobrante del chocolate con pan de yema o marquesote y almuerzan bisteces con frijoles refritos. A medio día unos chiles rellenos con caldo y frijoles refritos.

Hay sutiles diferencias, como que, en vez de pan, ofrecen una canasta de fruta; además, se implementa el uso de un pastel de cuatro pisos con flores naturales.

Adaptación, transformación y olvido

Sobre los cambios que surgen en estas tradiciones, la doctora Arias reflexiona y dice que son inevitables “Están y tienen que ser. Muchos dicen que hay que cuidar el patrimonio, que debe estar congelado para que no cambie, pero desgraciadamente la vida sigue y es un cambio, una transformación desde la situación económica, política y las necesidades que se tienen en situaciones presentes”.

Un ejemplo de ello ocurre en Yucatán, donde Sandra Esquivel Arcila, propietaria de la banquetera Caovi y Omar Gómez Herrera, banquetero independiente, dicen que se han superado los eventos tradicionales, porque estas ceremonias se modernizan para los turistas y las que aún se celebraban en antaño, cada vez son menos.

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Al final, la doctora Arias no lo sataniza, “hay que vivir y nuestra vida sigue, estos son los parámetros que hacen que nuestra vida se transforme, se altere o se pierda. Sea como sea la comida, tradicional o industrializada, sigue siendo el significado vital que es el dar, el compartir, el convivir y el recordar. Eso es la comida, es una ofrenda de vida y muerte”.

Con información de Francisco Charqueño y Editoras OEM (Erika Reyes/El Sol de Puebla, Alejandra Ávila/El Sol de Zacatecas, Miguel Salazar/Diario de Xalapa, Genaro Altamirano/Corresponsal y Héctor Moreno/Corresponsal)

Una boda es un acontecimiento único para una pareja que busca consumar su compromiso, pero este evento no sólo los une a ellos, sino a dos familias y en algunos casos a toda una comunidad. La mejor manera de expresar esa felicidad es a través de la comida, es el resultado de la unión y fortalece valores al compartir, genera cultura. Incluso las bodas son el motor detrás de la famosa frase “como fiesta de pueblo”.

Jiapsy Arias Gonzalez, doctora en Antropología por la ENAH, comenta que en los matrimonios y en casi todas las festividades convergen orígenes del pasado, estos vienen de un sincretismo religioso de las dos culturas fundacionales, las prehispánicas y las católicas europeas conquistadoras.

Puedes leer: Danza en pareja termina por unir la vida de los novios rarámuri

“En 32 estados y en los 67 grupos étnicos que continúan hasta nuestros días, persisten símbolos que, por medio de la comida y las costumbres, buscan rememorar o conservar una trascendencia histórica”.

Para Arias, el tiempo extenso que conlleva este acontecimiento permite preparar, organizar, definir y ejecutar los elementos para los rituales, en donde todos los miembros involucrados en este maridaje seguirán presentes.

“Antes no duraba tanto porque no había tanta gente, faltaba dinero o no alcanzaban los recursos, por ello duraba un día o una semana. Pero si hay recursos suficientes se efectúan los días necesarios previos hasta que ocurra la fiesta principal”.

Platillos, comida y su significado

Según la doctora Arias, en el matrimonio, la comida en conjunto simboliza la abundancia que se espera que la pareja conserve durante toda la vida. Es así como encontramos en general los siguientes platillos, sus tradiciones y significados en distintas regiones de México.

Mole. Es el rey de las festividades, que en todo el país difiere con técnicas, producciones adecuadas a una variedad de preparaciones y significados.

En Veracruz, el mole casero de Xico, es el platillo favorito para disfrutar en estos eventos. Comúnmente se acompaña con pollo o carne de puerco, además de arroz y tortillas de mano.

El mole es uno de los patrillos tradicionales y de celebración en las bodas mexicanas. l Foto: Cuartoscuro

En Puebla estas celebraciones son conocidas propiamente como “moles”, porque desde épocas ancestrales este guiso ha sido el protagonista del festejo; cuentan con una gran cantidad de variantes por municipio.

Guajolote. En la zona de la sierra norte de Puebla, los nahuas “bailan” a esta ave. Esto significa que lo zarandean por todos lados o danzan con él, porque significa que no faltará la comida, y entre mejor bailabas mejor te iría. Es un homenaje-ritual de buenos deseos.

Pan. Otro de los productos más conocidos de las bodas, especialmente en zonas nahuas, zapotecas, mixtecas o mijis del centro de México; el novio tiene que organizarse para pedir su mano y entregar una ofrenda de pan tradicional. Se relaciona con dar gracias a la novia por haber aceptado formar parte de la familia.

Los platillos destacados que hay en las bodas mexicanas tradicionales son: la birria, tamales de maíz, arroz, espaguetti, caldos, carnes. l Foto: Cuartoscuro

Asado de boda. Este platillo típico es popular en Zacatecas, se conforma por una pasta picante tipo mole, que baña una porción de pollo o lomo de cerdo; para muchos, augura prosperidad a los que sirven el banquete. Su origen data de las bodas jerezanas de mediados del siglo XIX y se hizo popular por sus menús nupciales mezclando la comida europea con la mexicana.

Más en el mapa

Otros de los platillos destacados que hay en las bodas mexicanas tradicionales son: la birria, tamales de maíz, arroz, espaguetti,caldos, carnes —pollo, cerdo, res, pescado, venado, avestruz, conejo, entre otros—; la barbacoa de hoyo en el centro de la república y de tambo, al norte del país—; burritos con tortilla de agua o sobaqueras; wakabaki —caldo de ofrenda yaqui—; camarones en coco en Guerrero y Michoacán; tapesco de ostras en Veracruz y Tabasco; frijol con puerco, colado, papadzules, chayitas y salbutes en Yucatán. También las tortitas de camarón, chileajo rojo, chileajo verde en Oaxaca.

El brindis de la abundancia

Así como el vino es símbolo de alegría, abundancia y celebración, Arias Gonzales cuenta que en general las bebidas homenajean la nueva vida que tendrá la pareja tras un casamiento. Las más tradicionales son:

Chocolate. Uno de los elementos más representativos para pueblos mixtecos, zapotecos, nahuas y mayas. Tradicionalmente las mujeres lo preparan, con la misión de generar bastante espuma y dárselo a su futuro marido, para simbolizar la abundancia de la comida en su matrimonio. En las zonas de la Sierra del norte del país significa buena suerte.

Sendecho. Fermentado de maíz de la zona otomí del Estado de México. Los tipos de maíz que se emplean son negro, rosa, amarillo, blanco y abigarrado. Los ingredientes que se le añaden van desde chile pasilla, chile negro, azúcar o piloncillo hasta miel de agave o pulque.

Jipoco. Atole de pinole de trigo molido, azúcar y sal; una bebida tradicional de los yaquis y mayos que se bebe en festividades maridado con danzas, cantos y rituales.

Chingüirín. Aguardiente de caña de baja calidad, a veces se acompaña con agua de coco. Se consume lo mismo en velorios que en celebraciones como las bodas, fiestas patronales y noches de antaño. También se le da a las mujeres después del parto.

Tuba. Consiste en savia de palma fermentada, particularmente palma de coco, por lo que tiene una ligera graduación alcohólica. Se puede tomar del mismo día, sin fermentar. Es tradicional en la zona de Colima, Guerrero, Jalisco y Michoacán.

Comilona maratónica

Hay dos municipios en Oaxaca que comparten costumbres similares para los casamientos, uno es Santa María Zoquitlán (centro) y otro San Marcos Arteaga (norte) y es que cada región conserva sus propias particularidades.

En Zoquitlán las costumbres de una boda dan nombre a un festejo único llamado Fandango Zoquiteco; Edgardo Altamirano Martínez, del grupo Zoquitecos A.C, cuenta de estas tradiciones comunales que se festejan en cuatro días:

El cerramiento: Es la etapa posterior a la que se comprometieron los futuros esposos. Se lleva una canasta con pan, chocolate en tablillas, botellas de vino y mezcal hasta la casa de la novia y hacen una cena con los regalos.

La ayuda: Consiste en realizar todos los preparativos para el casamiento. En este día los invitados llevan los insumos a las cocineras encargadas de elaborar la comida.

El casamiento: Se hace la ceremonia nupcial y para el banquete se alistan los platos fuertes mole para las enchiladas; caldo con alguna carne como pollo, guajolote o puerco, menudito con adobo y tortillas. Hay postres, entre ellos, el dulce de chilacayota. Todo acompañado de refrescos de sabores y cerveza de piña.

Las bodas en los pueblos originarios son rituales que se comparten con toda la comunidad y hay diversas formas de llevarlos a cabo. l Foto: Cuartoscuro

El segundo día: Es la continuación de la celebración principal y cuando baja la cantidad de invitados; comen el sobrante del chocolate con pan de yema o marquesote y almuerzan bisteces con frijoles refritos. A medio día unos chiles rellenos con caldo y frijoles refritos.

Hay sutiles diferencias, como que, en vez de pan, ofrecen una canasta de fruta; además, se implementa el uso de un pastel de cuatro pisos con flores naturales.

Adaptación, transformación y olvido

Sobre los cambios que surgen en estas tradiciones, la doctora Arias reflexiona y dice que son inevitables “Están y tienen que ser. Muchos dicen que hay que cuidar el patrimonio, que debe estar congelado para que no cambie, pero desgraciadamente la vida sigue y es un cambio, una transformación desde la situación económica, política y las necesidades que se tienen en situaciones presentes”.

Un ejemplo de ello ocurre en Yucatán, donde Sandra Esquivel Arcila, propietaria de la banquetera Caovi y Omar Gómez Herrera, banquetero independiente, dicen que se han superado los eventos tradicionales, porque estas ceremonias se modernizan para los turistas y las que aún se celebraban en antaño, cada vez son menos.

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Al final, la doctora Arias no lo sataniza, “hay que vivir y nuestra vida sigue, estos son los parámetros que hacen que nuestra vida se transforme, se altere o se pierda. Sea como sea la comida, tradicional o industrializada, sigue siendo el significado vital que es el dar, el compartir, el convivir y el recordar. Eso es la comida, es una ofrenda de vida y muerte”.

Con información de Francisco Charqueño y Editoras OEM (Erika Reyes/El Sol de Puebla, Alejandra Ávila/El Sol de Zacatecas, Miguel Salazar/Diario de Xalapa, Genaro Altamirano/Corresponsal y Héctor Moreno/Corresponsal)

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